sábado, 22 de octubre de 2011

Strong

 Siempre me dijeron que para lograr ser verdaderamente fuerte, uno tiene que atravesar por situaciones duras en la vida.
 En mi caso, tuve que aprender desde los 8 años a vivir sin un padre presente cada día, solamente con la ayuda y el apoyo de mi mamá. Ella es la que me acompaña desde entonces, empezando por lo más mínimo de hacerme la comida hasta escucharme y retándome dándome lecciones de vida.
 Siempre me negué, jamás creí necesitarlo a él, tuve que armar mis propios mecanismos de defensa para estar bien, y convencerme a mí misma de que yo puedo seguir adelante viviendo o no con mi papá. Y así es como después de tantos años esto no me afectó como a otras personas les puede afectar cosas menores, como una separación o un divorcio.
 Reflexionando sobre esto, me di cuenta que lo puedo aplicar a muchas cosas. Que puedo llegar a tener la suficientemente fuerza para cambiar cosas mías que en este momento no me gustan. Que aunque me cueste hacerlo, sé que puedo hacerlo. Porque lo que me importa es el fin, no los medios.
Hoy en día, quiero dejar actitudes mías atrás, cambiar no simplemente porque termino lastimando a otros, sino por mí. Es difícil, porque son cosas que llevo en mi esencia, pero sé que si realmente me lo propongo lo voy a lograr.

lunes, 17 de octubre de 2011

A veces pienso: por qué carajo somos tan diferentes?

 Es demasiado difícil lidiar con eso. A vos te gusta estar con tu familia super numerosa y  estar rodeado de gente, a mí me gusta que en mí casa sólo seamos tres personas y disfruto estando sóla. Me gusta planearlo todo, aunque no llegue a concretarlo, pero gusta saber qué es lo que voy a hacer todos los días de la semana. Organizar para vernos, porque sino nos veríamos mucho menos de lo que nos vemos. A vos no te gusta arreglar nada, pensás que es más fácil arreglar las cosas en el momento.

 A partir de nuestras diferencias surgen las peleas, dónde ambos siempre actuamos mal, diciéndonos y haciendo las cosas que más nos duelen, llegando a puntos extremos. Es horrible saber que en eso somos tan parecidos, en no cansarnos de pelear, en querer terminar siempre con la razón. Sería todo mejor si uno de los dos tuviese una personalidad tranquila, de decir: “no pasa nada, no peleemos, no vale la pena” y acto siguiente un abrazo. Pero no, nuestras peleas duran horas, minutos o incluso días, a veces el problema sigue estando aunque no hablemos de ello.


 A pesar de todo, siempre nos reconciliamos, volvemos a nuestra vida normal, a llevarnos bien, a ser felices. A veces llegamos a creer que una pelea puede llegar a arruinarlo todo, a deshacer todos los lindos momentos que venimos pasando hace casi un año. De todas formas, ahora sé que nuestros enojos terminan bien, pero que no somos inquebrantables, tenemos un punto.