Siempre me dijeron que para lograr ser verdaderamente fuerte, uno tiene que atravesar por situaciones duras en la vida.
En mi caso, tuve que aprender desde los 8 años a vivir sin un padre presente cada día, solamente con la ayuda y el apoyo de mi mamá. Ella es la que me acompaña desde entonces, empezando por lo más mínimo de hacerme la comida hasta escucharme y retándome dándome lecciones de vida.
Siempre me negué, jamás creí necesitarlo a él, tuve que armar mis propios mecanismos de defensa para estar bien, y convencerme a mí misma de que yo puedo seguir adelante viviendo o no con mi papá. Y así es como después de tantos años esto no me afectó como a otras personas les puede afectar cosas menores, como una separación o un divorcio.
Reflexionando sobre esto, me di cuenta que lo puedo aplicar a muchas cosas. Que puedo llegar a tener la suficientemente fuerza para cambiar cosas mías que en este momento no me gustan. Que aunque me cueste hacerlo, sé que puedo hacerlo. Porque lo que me importa es el fin, no los medios.
Hoy en día, quiero dejar actitudes mías atrás, cambiar no simplemente porque termino lastimando a otros, sino por mí. Es difícil, porque son cosas que llevo en mi esencia, pero sé que si realmente me lo propongo lo voy a lograr.
