martes, 31 de mayo de 2011

Estos fueron unos de esos días donde caés en la realidad, asumís como son las cosas en verdad y luego reflexionás sobre eso. Desde los 8 años y medio que vivo sin un padre en mi mismo país, mi única comunicación con él es el teléfono y una vez al año que voy a visitarlo. Con el pasar de los años, me di cuenta que el no me conocía ni yo a él, simplemente tenemos características en común porque hay genes que así lo indican. Nunca pude llegar a tener confianza con él, es decir, es complicada tenerla con el tipo de relación que tenemos.
 Pero lo que estos días me di cuenta, es que él, efectivamente nos abandóno. Se fue a España con el propósito de conseguir un buen trabajo y que luego nosotras nos mudáramos allá. Cosa que nunca sucedió pero tampoco le disgustó. Decidió quedarse allá, lejos de los problemas cotidianos de tener dos hijas chicas a su cargo, de aportar económicamente y estar físicamente ayudándonos desde lo más mínimo.
Tampoco me preocupé, y creo que tampoco lo necesité. Es decir, necesito de un padre como cualquier hija, pero no específicamente a él. Para todo lo que quiera, mi mamá siempre va a estar ahí, apoyándome, consintiéndome y preocupándose. Ella asume dos roles, el suyo, y la otra mitad que falta. Me da pena que ella se haya casado con un hombre irresponsable. Es decir, cuando dos personas quieren tener un hijo, asumen que los dos van a estar ocupándose de ello.  Éste no es el caso.
Es difícil llegar a esto, entender y comprender éstas cosas. Creo que recién es ahora cuando ya soy madura y veo de una manera diferente las cosas. Pero no siento dolor, capaz por mi mamá, pero no por él. Lo quiero sí, pero no quita el hecho de que me haya abandonado. Jamás podrá arreglarse con nada.

lunes, 16 de mayo de 2011

No entiendo cómo a esta altura, tengo que estar planteándome cosas que creí que había dejado unos meses atrás. Creí que lo nuestro iba en serio, y tal vez no es que no lo vaya, pero siempre sentí una confianza, algo que ya poco tengo y que nos va a hacer retroceder bastante. Pensé que nuestras peleas siempre iban a ser por las mismas causas de siempre, nuestros contratiempos, la distancia, nuestras maneras de ser que a veces pueden chocar. Pero nunca que iban a incluir a un tercero. Mis celos nunca iban más allá de una histeriqueada, ahora no solo siento celos en serio, sino desconfianza. Podría decir “se me parte el alma, estoy rota” pero en verdad no es así. No estoy mal, no lloré ni al pensar detenidamente en esto. En el momento no reaccioné con tristeza, sino con odio, con violencia. No es que ahora me lo esté tomando con calma, sino que simplemente me pongo a pensar por una vez con la cabeza, ver bien como son las cosas, nos frustarme al pedo, porque lo peor que me puede pasar es estar mal yo. Es decir, estoy planteando las cosas desde un punto más racional, pensando que algo así no me lo puedo olvidar ni perdonar tan rápido como suelo hacer. Que si hiciste eso, es por algo, que algo entre nosotros falla. Pero sinceramente no me preocupa del todo, no me pone mal que sientas arrepentimiento o lo que sea, porque después de todo te lo merecés. Lo único que quiero es salir adelante, porque a fin de cuentas me gustás, y mucho. Y me da bronca que hayas hecho esto, pero en fin,  me hizo reaccionar que algo no va bien. Y esta vez no me voy a jugar, queda en vos decidir como tomar esta relación, yo trato de hacer las cosas lo mejor que puedo, pero sobretodo sin esconder nada, porque no podría actuar detrás tuyo. Tal vez ambos tengamos cosas del pasado que no nos gusten, pero la diferencia está en si las repetimos o no. Porque nunca podría juzgarte por algo que hiciste antes de que estemos juntos, me puede dar tristeza, incluso bastante pena, pero no te lo puedo reprochar. Pero si esas mismas cosas, las haces conmigo, no las puedo dejar pasar. Pero bueno, todo lo que va, vuelve. Karma.