Estos fueron unos de esos días donde caés en la realidad, asumís como son las cosas en verdad y luego reflexionás sobre eso. Desde los 8 años y medio que vivo sin un padre en mi mismo país, mi única comunicación con él es el teléfono y una vez al año que voy a visitarlo. Con el pasar de los años, me di cuenta que el no me conocía ni yo a él, simplemente tenemos características en común porque hay genes que así lo indican. Nunca pude llegar a tener confianza con él, es decir, es complicada tenerla con el tipo de relación que tenemos.
Pero lo que estos días me di cuenta, es que él, efectivamente nos abandóno. Se fue a España con el propósito de conseguir un buen trabajo y que luego nosotras nos mudáramos allá. Cosa que nunca sucedió pero tampoco le disgustó. Decidió quedarse allá, lejos de los problemas cotidianos de tener dos hijas chicas a su cargo, de aportar económicamente y estar físicamente ayudándonos desde lo más mínimo.
Tampoco me preocupé, y creo que tampoco lo necesité. Es decir, necesito de un padre como cualquier hija, pero no específicamente a él. Para todo lo que quiera, mi mamá siempre va a estar ahí, apoyándome, consintiéndome y preocupándose. Ella asume dos roles, el suyo, y la otra mitad que falta. Me da pena que ella se haya casado con un hombre irresponsable. Es decir, cuando dos personas quieren tener un hijo, asumen que los dos van a estar ocupándose de ello. Éste no es el caso.
Es difícil llegar a esto, entender y comprender éstas cosas. Creo que recién es ahora cuando ya soy madura y veo de una manera diferente las cosas. Pero no siento dolor, capaz por mi mamá, pero no por él. Lo quiero sí, pero no quita el hecho de que me haya abandonado. Jamás podrá arreglarse con nada.